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Una rese帽a del Encuentro de Mujeres
Una rese帽a del Encuentro de Mujeres
Eugenia Guti茅rrez
M茅xico, D.F.
Consulta el sitio web mujeresylasexta.org
2. Despu茅s del encuentro en La Garrucha
Cuatro verbos dominaron el discurso: luchar, sufrir, organizarse y trabajar. Porque cuando se lucha, necesariamente se sufre. Pero para sufrir menos, hay que organizarse. S贸lo as铆 es posible trabajar por la liberaci贸n del pueblo. Y para la liberaci贸n del pueblo vivimos.
M谩s de ciento cincuenta voces, femeninas y morenas, se lo explicaron pacientemente a miles de o铆dos que las escuchaban con alegr铆a, admiraci贸n y respeto. La cita fue del 29 al 31 de diciembre de 2007 en el Caracol 鈥淩esistencia Hacia un Nuevo Amanecer鈥, m谩s famoso por su nombre de La Garrucha, Zona Selva Tzeltal, territorio rebelde zapatista. Delegadas de los cinco Caracoles presentaron sus avances en mesas plenarias donde, como dicen muchas de ellas, 鈥渓as temas鈥 de trabajo fueron:
路 C贸mo viv铆an antes y c贸mo est谩n ahora las zapatistas.
路 Qu茅 hicieron, c贸mo hicieron para organizarse para lograr sus derechos.
路 Cu谩les son sus responsabilidades ahora.
路 C贸mo se sostienen en su lucha.
路 Qu茅 cambios tienen ahora.
路 C贸mo luchan con sus ni帽as y ni帽os zapatistas.
路 La mujer, y la mujer en la Otra Campa帽a.
Los distintos temas fueron abordados por delegadas que llevaban las siguientes representaciones: comandantas (suplentes e integrantes del Comit茅 Clandestino Revolucionario Ind铆gena, CCRI), insurgentas (tres capitanas de las Fuerzas Mexicanas de Milicia), responsables regionales, responsables locales, integrantes de las cinco Juntas de Buen Gobierno (JBG), 鈥渃oncejas鈥 aut贸nomas, comisariadas agrarias, promotoras y formadoras de salud, promotoras y formadoras de educaci贸n, comisariadas y agentas aut贸nomas, directivas y administradoras de trabajos colectivos, as铆 como bases de apoyo (BAZ) que se presentaron en su car谩cter de: abuelita, mujer mayor de edad, mujer casada, joven soltera, mam谩s zapatistas, compa帽eritas ni帽as, viejitas, traductoras, relatoras y encargadas del sonido. En total, 20 horas de plenarias (cuatro horas para cada Caracol) con intermedios para preguntas y descansos.
Parecer铆a un encuentro t铆picamente zapatista de no ser porque a todos los hombres, incluidos los de prensa, se les pide que se retiren del auditorio el primer d铆a, pues 鈥渟贸lo mujeres鈥 pueden estar aqu铆. A 鈥渦n compa帽ero que est谩 escondido ah铆 atr谩s de un poste鈥 le pide la maestra de ceremonias 鈥渜ue se retire. Aqu铆 s贸lo mujeres鈥. Y nada terrible sucede. Diez o doce c谩maras que han venido a grabarlo todo permanecen listas en sus tripi茅s, tan tranquilas. No falta mujer que las maneje. Algunas dudaban si pod铆an. Hoy ya no dudan. Y pueden.
En el templete del auditorio todo el control del sonido y el espacio es femenino. En las bancas para quienes escuchan, tambi茅n. Hay mujeres de la sociedad civil tan poco acostumbradas al respeto que parecen inc贸modas de verse tan c贸modamente sentadas. A lo mejor son las 鈥渁utomarginadas鈥, t茅rmino que usar谩 una zapatista al d铆a siguiente, pero qui茅n sabe. De cualquier forma, con la salida de los hombres no ocurre ninguna tragedia. A los maridos, hijos, novios, amantes o hermanos les toca o铆r desde lejos, desde fuera, o distraerse atendiendo los puestos de vendimia. Otros ni siquiera vinieron, se quedaron a cuidar a los hijos peque帽os. Por eso entre las convocadas hay tanta concentraci贸n, tanto brazo relajado y tan poquito dolor de hombros. Adem谩s, respiran bien las cinturas y sobran manos libres que apuntan o toman fotos. Las delegadas zapatistas vienen adornadas con mo帽itos de colores en la cima del pasamonta帽as: azul para La Garrucha, blanco para La Realidad, rojo para Morelia, amarillo para Oventic y verde para Roberto Barrios.
Con el respeto de siempre, entonamos ese himno nacional que jam谩s nos menciona. Enseguida habla la comandanta Susana, la que abri贸 camino con Ramona y que, de hecho, viene 鈥渄e parte鈥 de ella para informarnos, primero, que nunca va a dejar su trabajo y, segundo, que 鈥淩amona pues vive y no est谩 muerta Ramona鈥. Y no es la 煤nica ausente que anda cerca. Ya de por s铆, presas y presos nos acompa帽an todo el tiempo. Pero aqu铆 tambi茅n se siente caminar a 鈥渓os ca铆dos鈥 que murieron en la lucha, a 鈥渓as guerreras鈥 que pelearon por la paz, a 鈥渢odas las mujeres鈥 que no pudieron llegar. La compa帽era Yoana dice que 鈥渢enemos que ir a agradecer al general Zapata鈥, ya que 鈥減or 茅l pudimos conocer nuestro derecho鈥, y habla con tanta seguridad que dan ganas de voltear para buscar al general entre los hombres que escuchan desde el fondo.
Es as铆 como se da por inaugurado este evento que tiene varios nombres simult谩neos: Tercer Encuentro de los Pueblos Zapatistas con los Pueblos del Mundo: 鈥淟a Comandanta Ramona y las Zapatistas鈥, o bien, Primer Encuentro de las Mujeres Zapatistas con las Mujeres del Mundo, o para las m谩s exigentes, una combinaci贸n de ambos: 鈥淭ercer Encuentro de los Pueblos鈥 y Primer Encuentro de las Mujeres鈥︹ al mismo tiempo. Que cada quien escoja.
En los letreros de cartulina desplegados por todo el Caracol se leen las siguientes frases: 鈥淓n este Encuentro no pueden participar los hombres en: relator, traductor, exponente, vocero, ni representar en la plenaria estos d铆as 29, 30 y 31 de Dic 07. El 1 de enero del 08 vuelve a lo normal. S贸lo pueden trabajar en: hacer comida, limpiar y barrer el Caracol y las letrinas, cuidar a l@s ni帽@s y traer le帽a鈥.
Pero una de esas frases no puede ser verdad. Veremos cu谩l y veremos por qu茅.
El antes
Los d铆as de esclavitud
Decenas de mujeres ind铆genas rebeldes explican c贸mo sufr铆an antes del levantamiento armado de 1994. Pero entre los recuentos del horror vivido con los patrones y entre los relatos de su esclavitud, de su vida infrahumana, de su humillaci贸n y su sufrimiento, nos calan muy hondo los de la abuelita Avinia (de La Garrucha) y los de las compa帽eras viejita Eva, viejita Gloria, viejita Ver贸nica y viejita Angelina (de La Realidad). Varias de ellas hablan en su lengua materna y recurren a traductoras. Es as铆 como nos enteramos de 鈥溌u谩ntos sufrimientos! 隆Cu谩ntos!鈥 tuvieron que padecer con los castigos f铆sicos que las hac铆an 鈥渄esmayar por el dolor鈥. A sus esposos los amarraban a los 谩rboles dos d铆as, desnudos. A ellas las sentaban en una piedra filosa hasta que les sangraban las rodillas. Ninguna aprendi贸 jam谩s a leer ni a escribir porque los finqueros las consideraban animales.
Dicen que si no hubiera sido por los fundadores del EZLN que llegaron a las monta帽as de Chiapas hace m谩s de veinte a帽os, 鈥測a todos 鈥榯uvi茅ramos de mozos鈥, igual que 鈥渘uestros papaes y mamaes鈥. Los relatos de esclavitud coinciden: a los seres humanos se les mandaba a llevar carga cuando 鈥渘o hay caballos鈥. Y es que los hijos de los patrones ten铆an que comer sabroso en Comit谩n: cajas de ma铆z al que se le hab铆a quitado el corazoncito y la puntita, dej谩ndole 鈥渟贸lo la carnita鈥. Abuelita Avinia est谩 sorprendida de que un hombre pueda ser tan insaciable. Nos cuenta, indignada, que el in煤til del patr贸n no era capaz de irse a ba帽ar al r铆o, sino que hab铆a que cargarle su agua para no quitarle su comodidad. 驴C贸mo describir铆a esta abuelita lo insaciable que es un juez de la suprema corte, un consejero del IFE, un violador de la PFP?
Se quejan mucho estas mujeres de que no conoc铆an el peltre, de que todo era puro barro. Afirman haber nacido en familias que, por generaciones, 鈥渘o tomamos dulce鈥 porque no lo permit铆a el patr贸n. 鈥淧ero ni la espuma de la miel lo da a lamer鈥 a los ni帽os, 鈥渘o lo puede agarrar ni un pedacito de ca帽a鈥. Aunque, claro, su ganado del cacique pod铆a darse sus antojos, como lamer sal tranquilamente porque ya estaba 鈥減ero bien remolido鈥 gracias a la piel cocida de las manos indias. Entre las asistentes, pocas hab铆amos escuchado una descripci贸n tan minuciosa y tan directa del derecho de pernada, de c贸mo son violadas las jovencitas con la misma naturalidad con la que el sol sale y se pone. Eso ya no sucede en las comunidades en resistencia del EZLN, donde se extinguieron los patrones. Pero sabemos que ocurre en muchas fincas de nuestro pa铆s y por eso sigue doliendo. En cada relato destaca la obsesi贸n del cacique por lastimar, por explotar, por humillar a otros, por descansar a toda costa mientras a decenas de familias se les va la vida en servirle. Adem谩s, 鈥渓o que hace un patr贸n lo hacen todos鈥. No importa si la finca es Del Rosario, Las Delicias, Porvenir o La Codicia.
La comandanta Rosalinda cuenta que la seguridad p煤blica asesinaba y violaba a las mujeres de quienes se organizaban para protestar, hasta que lleg贸 la informaci贸n de que pod铆an organizarse clandestinamente y se formaron milicianas e insurgentes. Por eso, da igual si el patr贸n es el que 鈥渓o cambea con tierra鈥 a las hijas, si se llama don Enrique Castellanos, a quien 鈥渓os viejitos lo metieron en unas redes y lo colgaron鈥 cansados de ver violadas a sus hijas, o si se llama don Javier Albores, el que 鈥渢uvo familia con sus criadas鈥. Todos fueron expulsados de sus para铆sos el 1 de enero de 1994.
La historia de la clandestinidad
Hace muchos a帽os lleg贸 un grupo de hombres y mujeres a las monta帽as de Chiapas. Iban como maestros, como m茅dicos. Uno de los hombres se present贸 un d铆a en la comunidad de Araceli, 鈥淏ase del Apoyo鈥 a la que le 鈥渢oca explicar la clandestinidad鈥. No sab铆an qui茅n era la persona que lleg贸, pero dice Araceli que les habl贸 de sus productos y sus precios y luego les pregunt贸 鈥渃u谩ntos tiempos vamos de aguantar viviendo鈥. Se fue, luego volvi贸 con permiso de las comunidades. Habl贸 con m谩s. Les dio un folletito. Les pregunt贸 si estaban bien dispuestos a luchar. Les dijo que fueran muy cuidadosos. Luego les aconsej贸 que pusieran vigilancia. Luego les explic贸 鈥渃贸mo luchamos, junto con qui茅n luchamos y contra qui茅n luchamos鈥 y les ense帽贸 lo que significa la palabra 鈥渃ompa帽eros鈥. Luego les cont贸 de un ej茅rcito que iba a luchar por el pueblo: Ej茅rcito Zapatista de Liberaci贸n Nacional, y que la preparaci贸n no s贸lo era pol铆tica sino militar. Seg煤n la comandanta Sandra, 鈥渘adie quien lo supo, m谩s que nada m谩s los que lloran鈥.
Maribel nos ampl铆a la informaci贸n. Ella nos dice que para reunirse con los que llegaron de fuera 鈥溍璪amos como si fuera a pescar鈥, pero en realidad iban a recibir pl谩ticas en las monta帽as, en las cuevas, bajo los 谩rboles, 鈥渕uy en silencio y despacito鈥, de noche, prepar谩ndose 鈥減ara el trabajo de la lucha鈥. Cuenta Maribel que hab铆a cine-debate: 鈥渘os tra铆an para ver pel铆culas de luchadores de otros pa铆ses鈥. Luego ven铆an las preguntas y el debate y eso 鈥渘os conmovi贸 nuestros corazones鈥. A veces hab铆a que hacer un hoyo para ocultar el ruido del motorcito que brindaba energ铆a.
Algunas se帽ales iban en la ropa: playera roja, blanca, caf茅 o negra significaban que habr铆a reuni贸n, y dependiendo del color era el lugar. A veces se daban un apret贸n fuerte de manos y esa era la se帽al. Las primeras insurgentas ense帽aron a estas mujeres muchas cosas: 鈥渁prendimos a hacer vigilancia鈥, as铆 como a manejar armas y hacer 鈥渄e todo鈥. Por eso, dicen las zapatistas ancianas hoy, 鈥渇uimos capaces de resistir鈥. Estas mujeres alimentaron a los fundadores del EZLN hace m谩s de veinte a帽os. La compa帽era viejita Ver贸nica nos cuenta que la tostada y el pinole se preparaban 鈥渘o en la d铆a鈥 sino en la noche, porque antes eran clandestinos. Pero ya no. Y ahora se prepara de d铆a. La compa帽era viejita Angelina dice que a los fundadores 鈥渆llas lo mantenieron鈥 y que 鈥渓o quisieron mucho, lo alimentaron鈥, pero no hab铆a caminos. Ten铆an que moverse de noche, en picadas, de un campamento a otro. En aquellos tiempos, Maribel explica que prepararon y llevaron pinole, tostadas, galleta, pan, yuca, pl谩tano, camote, az煤car, sal, calabaza. 鈥淟o que com铆amos es lo que com铆an tambi茅n鈥. Y cuenta que se organizaron 鈥渁 hacer costuras para uniformes鈥. Luego vino el alzamiento, en el que muchas de ellas participaron, 鈥測 con esa sangre despertamos鈥.
La condici贸n de la mujer
Cuentan las mujeres zapatistas que no s贸lo las han lastimado los patrones. Antes de los d铆as con el EZLN e incluso despu茅s del alzamiento, eran sus propios padres, sus esposos, sus hermanos y hasta sus hijos quienes las subestimaban. S贸lo los hombres se divert铆an; s贸lo ellos descansaban. Si a alguien se le ocurr铆a nacer ni帽a, su padre la despreciaba. Si a alguien se le ocurr铆a participar en las reuniones, los hombres se burlaban. Todo indica que la labor de Ramona y de Susana debi贸 ser tit谩nica. Ellas instigaron a las zapatistas a elaborar su Ley Revolucionaria en los a帽os en que daba mucha risa ver luchar a una mujer. Esa Ley ya se ha ampliado de 10 a 30 art铆culos, pero nos dicen las zapatistas que todav铆a no son p煤blicos. En tanto, este auditorio donde escuchamos por 煤ltima vez la voz de Ramona, hoy sigue ocupado s贸lo por mujeres. En algunos huequitos en la pared o por la puertita ubicada detr谩s del escenario se pueden ver c谩maras fotogr谩ficas que entran solas. Desde fuera, las sostienen antebrazos duros y con las venas marcadas, de esos que a muchas nos fascinan. Son los hombres que siguen sin poder incorporarse a las plenarias, pero que no dejan de retratar este espacio que hoy no es suyo. Dentro de poco se les permitir谩 de nuevo el acceso a los de prensa, siempre y cuando 鈥渘os respeten o los sacamos鈥. Para el tercer d铆a, ya todos podr谩n entrar.
De cualquier forma, los trabajos siguen y las compa帽eras zapatistas nos advierten: 鈥渧amos a ser sinceras en decirlo鈥. A veces, cuando ha habido problemas, 鈥渉ay mujeres que con eso abandonaron sus trabajos鈥. Hay pleitos fuertes en las casas porque 鈥渘o muy dejan salir nuestros maridos鈥. Piensan que van a echar novio. Como si no fuera tambi茅n su derecho, pienso yo. De cualquier manera es triste. 鈥淟os hombres falta para que entiendan鈥 la importancia de la lucha de las mujeres. Grabiela, una de las tres capitanas que junto con Elenita y Hortensia representan a todas las mujeres que se encuentran 鈥渆n posiciones de monta帽a en el sureste mexicano鈥, dice que antes, 鈥渟i nacimos ni帽a, nuestro trabajo es ser mujer鈥. Que no se pod铆a jugar basquetbol con los ni帽os, ni estudiar. De hecho, nos platica que una partera cobraba menos por la ni帽a porque no ten铆a el mismo valor que el ni帽o.
En una reflexi贸n recurrente y generalizada, estas mujeres aseguran que antes de organizarse para luchar pensaban que ellas no val铆an nada. Es m谩s, cuando se percataron de que s铆 val铆an tuvieron que demostr谩rselo primero a ellas mismas. Los hombres ya ten铆an experiencia, ya caminaban de noche, pero ellas sent铆an much铆sima pena de opinar, de hablar, de viajar, de decidir. Ya fuera en las fincas o en sus propias casas, ten铆an que levantarse a las dos o tres de la ma帽ana para ir por la le帽a, preparar el caf茅 y tortear desde tempranito. Luego hab铆a que cuidar a los ni帽os solitas, carg谩ndolos hasta el r铆o trepados en la ropa que iba a ser lavada. Luego hab铆a que regresar con todo encima, la ropa limpia y los ni帽os sucios. Y el agua para beber. Y la le帽a. Adem谩s, los hombres se emborrachaban y les golpeaban el cuerpo y el alma. Dicen que era enorme su cansancio, indescriptible su tristeza y largu铆simo su d铆a. Que el sue帽o era cortito y ellas ten铆an que levantarse a las dos o tres de la ma帽ana otra vez para ir por la le帽a de nuevo.
Hoy, estas mujeres portan un cansancio muy otro. Llevan meses haciendo trabajo intelectual, pol铆tico y organizativo en medio de una salvaje ofensiva institucional y paramilitar. De hecho, mientras estamos en plenarias nos vuelan por encima los militares. Ellas lucen nerviosas pero satisfechas. Sus compa帽eros las apoyan en la log铆stica. Muchos est谩n en las cocinas, matando pollos y cocinando. Ahora que 鈥渓os pri铆stas, los orcaos y los opddiques nos quieren quitar el terreno鈥 como si nada hubiera cambiado, la joven casada Mireya deja claro que ya todo cambi贸, que ella se cas贸 despu茅s de 1994, que nadie la oblig贸, que tiene dos hijos libres y que su esposo la respeta.
El ahora
C贸mo se organizan para luchar
Mayoritariamente, las mujeres zapatistas informan que todav铆a falta mucho para lograr el respeto 鈥測 ocupar en alg煤n lugar el lugar que nos corresponde鈥, pero Elisa, la compa帽era mayor de edad, se帽ala que 鈥測a conocemos ya nuestro derecho鈥. Muchas de las que han venido a este singular encuentro son bases de apoyo del EZLN. Reconocen el trabajo de Ramona, saludan al Subcomandante Marcos 鈥渄onde quiera que est茅鈥 e 鈥渋nclusivamente a sus tropas insurgentes鈥 y agradecen a la organizaci贸n 鈥渜ue nos dio lugar y respeto鈥.
Hay quien se entrega el micr贸fono a s铆 misma, con mucha elegancia y seriedad: 鈥淭iene la palabra la compa帽era Dalia, que ero yo鈥. Tambi茅n hay quien presenta su Curriculum Vitae detallado, como Everilda, suplenta al CCRI que nos convoc贸 a este encuentro en julio pasado. Dice que empez贸 su participaci贸n pol铆tica cuando ten铆a diez a帽os. Durante 2 a帽os y 7 meses fue base de apoyo. Luego fue nombrada responsable local, cargo que desempe帽贸 durante 1 a帽o. M谩s tarde fue nombrada responsable regional. 鈥淓se trabajo ya es m谩s grande鈥 y en 茅l estuvo 7 a帽os, 1 mes y 26 d铆as que le 鈥渆nse帽aron a luchar fuerte鈥. Enseguida fue nombrada suplenta al CCRI, cargo que ocupa actualmente.
Por cierto, 驴a qu茅 se dedica una comandanta zapatista? Ese cargo 鈥渘o se cambea cada 3 贸 6 a帽os鈥 como los pol铆ticos. Everilda explica: 鈥渘o somos dirigentas鈥, sino que 鈥渞epresentamos a las mujeres para orientar a las compa帽eras鈥. El trabajo suena pesadito: 鈥渘os corrigen y corregimos los errores鈥 de los pueblos. Cada una de las delegadas aqu铆 presentes tiene una funci贸n que cumplir dentro de la organizaci贸n. Sobre todas esas funciones, nos dieron datos abundantes.
Quienes trabajan en las Juntas de Buen Gobierno nos explican cu谩les son sus responsabilidades. Dicen que en agosto de 2003, cuando nacieron las JBG, todos sus miembros eran hombres. Luego se integraron algunas compa帽eras. Dice una de ellas que 鈥渓os pueblos zapatistas como que no se hab铆an dado cuenta鈥 de que hab铆a participaci贸n de mujeres en su lucha. En 2004 se hicieron asambleas en todos los pueblos y se acord贸 el ingreso de mujeres por tres a帽os. Entonces ya hubo m谩s mujeres. Pero fue en 2005 cuando m谩s empezaron a participar ellas en las Juntas. 驴Cu谩les son sus trabajos? Recibir 鈥渁 las personas nacionales e internacionales鈥. Fungir de puente con ellas. Ver los distintos problemas que les presentan las bases de apoyo, o incluso quienes no son integrantes del EZLN. Distribuir equitativamente los recursos econ贸micos. Las juntas llevan el control de los proyectos o donaciones, pero s贸lo pueden presentar propuestas a los pueblos, 鈥渜ue son la m谩xima autoridad鈥. No tienen descanso, ni horarios, ni d铆as de trabajo. Atienden las 24 horas a quien lo necesita. Algunas mujeres de las JBG est谩n aprendiendo a usar la computadora. Nos dicen que 鈥渟entimos muy dif铆cil鈥, que les 鈥渇alta mucho de aprender鈥, que no saben leer ni escribir, que por eso no hablan espa帽ol, que no pueden caminar solas porque hay hombres que las quieren violar, sin importar que sean casadas, que muchas veces sus maridos, sus pap谩s y sus hermanos no las dejan ir al trabajo porque piensan que van a hacer 鈥渃osa mala鈥. Pero ellas saben lo que viene: 鈥渁lg煤n d铆a debemos tomar nuestro derecho y el lugar que nos corresponda como mujeres鈥.
En los Municipios Aut贸nomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) tambi茅n hay mujeres. Algunas compa帽eras explican que 鈥渁ntes no era costumbre de que las mujeres participen鈥. Es por eso que el n煤mero de mujeres en los MAREZ es limitado. Dicen que no es porque no las dejen participar los compa帽eros sino porque ellas no se atreven a hablar porque no est谩n acostumbradas. Los hombres s铆. Ellas nunca han tenido la oportunidad de estar en un cargo, 鈥渕uchos menos, darle soluci贸n a un problema鈥, pero conf铆an en que poco a poco van a aprender. Muchos las critican porque c贸mo es posible que una mujer ande sola y ande en todos lados. Pero ellas no hacen caso. Dicen que 鈥減or eso estamos aqu铆 frente a ustedes鈥. Aunque no saben leer ni escribir, exhortan a todas las presentes a no tener 鈥渆l miedo de hablar鈥 porque esas ideas son malas, son de los ricos que las quieren tener calladas y explotadas. Pero ellas saben que 鈥測a es hora de hacer algo por nosotras mismas y por nuestro pueblo鈥.
Una agenta aut贸noma como Elvia tiene la tarea de resolver 鈥渃hismes鈥 y toda clase de conflictos. A veces hay que enviar a alguien a 鈥渓a c谩rcel鈥 durante 24 horas. Para problemas de adicci贸n habr谩 castigos de un mes de trabajo, e incluso la expulsi贸n de su pueblo. El trabajo de las agentas es hacer la justicia, 鈥測 la justicia es la justicia鈥. Marleni y Lucero son 鈥渃oncejas鈥 municipales y saben mucho de todo, de lo agrario, de la salud, de la educaci贸n. Hay una compa帽era para cuestiones de tr谩nsito, que vigila que los caminos no est茅n muy tapados, y otra compa帽era para derechos humanos que impide abusos de las autoridades aut贸nomas. Ellas impulsan la participaci贸n de las mujeres en los colectivos de bordados, de pan, de pollos, de ganado. Si hay alguna compa帽era a la que 鈥渘o le dan su derecho鈥 su pap谩, su hermano o su esposo, es su deber de estas 鈥渃oncejas鈥 ir a averiguar qu茅 est谩 sucediendo. Si hay abusos y violaci贸n, ellas lo investigan. Dicen que 鈥渆l miedo, la timidez y la verg眉enza鈥 ir谩n quedando atr谩s, pues ahora hacen sus reuniones 鈥減ara planear planes de trabajo鈥. Luego nos dicen la clave para que no los desaparezcan como pueblos ind铆genas: 鈥淩espetamos la mayor铆a. Adem谩s, nosotras cumplimos鈥.
Parece que las responsables regionales la tienen dif铆cil. Nos dice Amalia que 鈥渆l tiempo de trabajo que tenemos es de todo el tiempo. No tiene fin鈥. Por un lado, est谩n sufriendo desalojos y presiones. Por otro lado, tienen que organizar fiestas conmemorativas como el 8 de marzo, o preparar los trabajos colectivos 鈥減ara contrarrestar la guerra econ贸mica del mal gobierno鈥, sistema 鈥渄estructor de la humanidad鈥 que 鈥渘os est谩 jodiendo鈥 y contra el que 鈥渢odos tenemos el deber de luchar鈥. Las responsables locales tienen otras tareas. Yaneli, por ejemplo, invita a las campesinas a hacer el trabajo, a organizarse. Los argumentos que usa son convincentes: 鈥淓l gobierno nos quiere acabar, nos puede provocar la muerte鈥, pero 鈥渟i estamos organizadas鈥, el mal gobierno ya no puede entrar a las comunidades a regalar 鈥渟us migajas鈥 con esos programas que debilitan la voluntad de lucha. Las responsables locales supervisan la correcta conmemoraci贸n de las siguientes fechas: 12 de noviembre de 1983 (llegada a la selva de los seis fundadores y fundadoras), 17 de noviembre de 1983 (fundaci贸n del EZLN), 1 de enero de 1994 (alzamiento), 26 de octubre (cumplea帽os del subcomandante Pedro), 10 de abril (muerte de Zapata), 6 de agosto (nacimiento de los Caracoles y las JBG), 8 de marzo (d铆a internacional de la mujer).
A ellas les toca organizar las fiestas, pero tambi茅n les toca ver cu谩ntos van a defender a sus pueblos. J贸venas y j贸venes de 15 a帽os para arriba ya pueden hacer y recibir 鈥渢rabajo de nuestra lucha鈥. Las responsables locales vigilan que el trabajo de parteras, hueseras y encargadas de plantas medicinales est茅 avanzando. De igual forma, apoyan los estudios pol铆ticos en la parte de las mujeres, para 鈥渄arle saber cu谩l es nuestro deber鈥 como mujeres revolucionarias. Finalmente, si un colectivo fracasa o si un pueblo no est谩 trabajando bien, es responsabilidad de ellas animarlos. Luvia nos informa que las responsables no tienen l铆mite en sus cargos, a menos que les d茅 una enfermedad. Por si alguna est谩 interesada, para ser responsable local zapatista se necesita cubrir las siguientes caracter铆sticas: 鈥渄isciplina, honestidad, comportamiento鈥 con los compa帽eros y los pueblos, 鈥渦nidad y compa帽erismo y sufrimiento que ha pasado鈥 en la historia de su lucha, disposici贸n para caminar kil贸metros, dejar a sus hijas, hijos y esposos durante d铆as y capacidad para asistir a reuniones que duran dos d铆as.
En los trabajos colectivos se turnan las secretarias, las tesoreras, las presidentas. Son las administradoras y coordinadoras de esos trabajos. Mari nos cuenta que en su colectivo de pan empezaron con un pr茅stamo de 1,000 pesos que les dio la organizaci贸n para el horno, adem谩s de 494.50 pesos para materiales con los que se hace el pan. Luego pusieron una mercer铆a. No sab铆an ni hacer corte de caja, pero aprendieron y ya tienen sus tiendas. Para el colectivo de pollo juntaron una gallina por cada mujer. Los hombres les ayudaron a juntar las varitas y a hacer el corral. Hoy ya no tienen necesidad de comprar pollo.
驴Qu茅 hacen las comisariadas? Heidi nos explica que ellas dicen a qu茅 hora se quema la milpa y d贸nde se hacen las zanjas. Tambi茅n vigilan 鈥渓a tumba de los 谩rboles鈥 y se encargan de ense帽ar la importancia de la reforestaci贸n. Adem谩s supervisan el cuidado de los animales y la limpieza de arroyos y cascadas para 鈥渜ue est茅n en buenas condiciones de naturaleza鈥. Por su parte, Daisy explica que hay que medir las colindancias y presentar informes de gastos y asuntos pendientes. Una comisariada aut贸noma le busca soluci贸n a 鈥渢odos los problemas que cometen los compa帽eros y las compa帽eras鈥 en cuesti贸n agraria. Dice que antes 鈥渢enemos miedo y verg眉encillas鈥 por ser mujeres, pero ya no.
Para desempe帽ar todos estos cargos, las delegadas se帽alan insistentemente que s贸lo es necesario respetar tres principios b谩sicos: unidad, disciplina y compa帽erismo. Nada m谩s. Ser谩 por eso que, cuando la promotora de salud Ang茅lica nos aclara que no cuentan su tristeza con el fin de provocar nuestra l谩stima, una mujer del p煤blico en la sesi贸n de preguntas y respuestas habla por todas nosotras: 鈥淐ompa帽eras, no nos dan l谩stima. Nos dan envidia鈥.
Mujeres por la Dignidad
Hab铆a una vez unas mujeres artesanas ind铆genas que quer铆an tener una cooperativa. Viv铆an en los Altos de Chiapas y estaban muy solas porque 鈥渢rabajaban en individual鈥. Sus productos los llevaban a vender a San Crist贸bal de las Casas. Ah铆, como en escena de apertura del Oficio de Tinieblas, su esfuerzo se les pagaba a un precio muy bajo. En un retrato fiel a Rosario Castellanos, las mujeres se topaban con coyotes, intermediarios ladrones y compradores abusivos que viv铆an del cansancio de ellas. Fue por eso que se organizaron para formar una sociedad cooperativa donde pudieran juntarse todas. El 1 de marzo de 1997 hicieron su Asamblea General de Mujeres Artesanas. Ah铆 se aprob贸 la primera Sociedad Cooperativa Mujeres por la Dignidad y qued贸 legalizada su cooperativa. Las socias de esta Sociedad Cooperativa realizan una asamblea nacional cada a帽o. La mesa directiva revisa el trabajo de las encargadas. Si una compa帽era lo hace bien, la reeligen varios a帽os m谩s. Son ellas mismas quienes deciden c贸mo van a trabajar. Algunas veces, bajo un 谩rbol. Otras veces, en su casa. Nos dice una compa帽era que sufren mucho con sus hijos 鈥減or no tener un lugar especial para trabajar鈥, pero eso no las detiene. Hay dos compa帽eras representantes en cada comunidad. Reciben la paga. Dejan veinte por ciento en la tienda y ya no dependen de los hombres, 鈥減ero mucho menos鈥 dependen 鈥渄el mal gobierno鈥.
Tambi茅n tienen sus problemas. Algunas compa帽eras ya se salieron y s贸lo est谩n en colectivos, no en sociedad pues no sienten mucha obligaci贸n. Hay organizaciones independientes que han causado divisiones porque, queriendo ayudar, llevan los productos de las zapatistas a tiendas donde hay gente que recibe sueldos. La lucha, pues, se torna dur铆sima y muchas no aguantan. Las que s铆 aguantan se帽alan con satisfacci贸n: 鈥淗emos demostrado que podemos administrar una Sociedad Cooperativa como mujeres鈥. La mesa directiva hace los tr谩mites para la exportaci贸n de artesan铆as. La sociedad tiene vendedoras. A veces caminan ocho horas solas con sus hijas e hijos, pues hay que ir a la tienda en el centro del Caracol de Oventic. Las mujeres se turnan por semana. Hacen posta d铆a y noche. Entre todas les dan para el pasaje a las vendedoras. Las apoyan con frijol. No les pagan, pues como en todas las actividades aut贸nomas zapatistas, 鈥渟贸lo est谩n cumpliendo su trabajo por conciencia鈥. Ya tienen clientes y no andan ofreciendo sus artesan铆as por las calles de San Crist贸bal. Desde hace catorce a帽os, el de estas mujeres organizadas es, ante todo, un Oficio de Luz.
El despu茅s
La salud, la educaci贸n
Estas mujeres que se tutean con la muerte no iban a hablarle de usted a la enfermedad. No iban a tenerle respeto a la ignorancia. Las cuentas que rinden las promotoras y formadoras de salud y de educaci贸n son suficientes para avergonzar a cualquier pol铆tico. La presentaci贸n es impecable; el lenguaje, asombrosamente claro para quien no est谩 utilizando su lengua materna. La informaci贸n que nos dan las zapatistas es detallad铆sima, concreta y di谩fana. Si fuera arete ser铆a filigrana.
Las j贸venas biling眉es y triling眉es que preparan f铆sica y mentalmente a las pr贸ximas generaciones son las m谩s seguras en el micr贸fono. Todas ellas, junto con sus compa帽eros, est谩n logrando erradicar enfermedades que se hab铆an incrustado en el sureste de M茅xico y que, por siglos, todos los malos gobiernos se negaron a combatir. A diferencia de hace diez o doce a帽os, ya casi no vemos ni帽os y ni帽as panzoncitos de lombrices. Rosaura nos explica que antes del 鈥94 hab铆a muchos partos prematuros, retenci贸n placentaria, c谩ncer c茅rvico uterino que no se detectaba a tiempo. A los pacientes los sacaban 鈥渃argando en camillas de lazo鈥 y todo para que no los atendieran en los hospitales del mal gobierno porque eran indios. Esta promotora de salud dice que las mujeres no pod铆an descansar lo suficiente despu茅s del parto, que eran 鈥渕uy burladas por los hombres, humilladas, maltratadas, golpeadas鈥. Todas 鈥渟ufr铆amos muchas violencias dom茅sticas鈥.
Con apoyo de sociedades civiles solidarias empezaron a capacitarse hasta llegar a tener su Cl铆nica Central de Francisco G贸mez. Ah铆 se hacen estudios de papanicolau, se vacuna a ni帽as y ni帽os, se dan consultas y pl谩ticas de control natal, se hacen ultrasonidos y colposcop铆as y 鈥測a se est谩 construyendo una cl铆nica espec铆fica de atenci贸n a la mujer鈥. Para ello se necesitan muchos materiales. Pero Rosaura, de La Garrucha, nos informa que sobre todo necesitan a una compa帽era 鈥渕茅dica ginec贸loga voluntaria鈥 para que nos capacite鈥 en cuestiones de salud reproductiva. Si la compa帽era indicada est谩 leyendo estas l铆neas, ya sabr谩 lo que tiene que hacer.
Las promotoras y formadoras de educaci贸n se capacitan cuatro veces al a帽o durante un mes para ense帽ar a sus alumnas y alumnos la educaci贸n verdadera. Abigail explica que la escuela es el 鈥渆spacio donde podemos compartir el conocimiento鈥, y que esto se hace 鈥渃on mucha paciencia, sin maltrato鈥. Desde 2005, muchas mujeres zapatistas reciben capacitaci贸n como formadoras para, a su vez, formar a nuevas formadoras. Tan s贸lidos son los eslabones que no hay manera de imaginar c贸mo podr铆an romperse esas cadenas de transmisi贸n de una educaci贸n anal铆tica, liberadora, cr铆tica y acorde 鈥渃on la realidad regional鈥. Eugenia se queja de que antes, aunque iban a la escuela, no se les daba lugar para sentarse, 鈥渆st谩bamos totalmente desapartadas鈥 porque los ni帽os no jugaban con ellas 鈥渘i juntos ni revueltos鈥. Su relato nos habla en pasado de las torturas de los profesores, tan actuales para el resto del mundo. Samanta, por su parte, nos recuerda que 鈥渘uestra obligaci贸n es seguir adelante como mujeres para no volver a la humillaci贸n, al desprecio y al olvido鈥.
Dicen todas que a煤n falta mucho por hacer pero que ya se tienen cl铆nicas y hospitales de zona, que hay laboratorios de herbolaria y jardines con plantas desinfectantes y curativas. En el Caracol de La Realidad hay laboratorio de an谩lisis cl铆nicos, hay quir贸fano y se han programado varias Jornadas Quir煤rgicas.
Por su parte, las promotoras de educaci贸n como Griselda ense帽an el cuidado de la biodiversidad y explican las cuatro 谩reas de estudio: historia verdadera, matem谩ticas, vida y medio ambiente y lengua. Con humildad nos dicen que s贸lo han logrado 鈥減arte鈥 de sus sue帽os, y nos recuerdan que ya viene uno gigante: 鈥淗oy nuestro sue帽o sigue y so帽amos con llegar a tener una nuestra universidad aut贸noma鈥. La presentan as铆, como un sue帽o, 鈥渜ue cada vez lo sentimos tan cerca鈥︹ y nos recuerdan que son mujeres en lucha: 鈥淎qu铆, donde estamos nosotras, mandamos nosotras, no ellos鈥, porque aqu铆 鈥渘o manda SEP ni Calder贸n鈥, aqu铆 manda el pueblo.
El dolor de las otras
Para hablar de las mujeres en la Otra Campa帽a y en la Zezta Internazional les toca el turno a las integrantes de la Comisi贸n Sexta que recorrieron M茅xico durante varios meses. Miriam se帽ala que sali贸 a recopilar historias de dolor. Ella y otras comandantas recuerdan con nitidez lo que les contaron las otras, las obreras, las jornaleras agr铆colas, las migrantas, las 鈥渁mas de casas鈥, las trabajadoras de la maquila, las de abajo. Dicen que 鈥渟abemos que sufren igual que nosotras鈥. Se les habl贸 de contaminaci贸n, drogadicci贸n y asesinatos. De que se vive sola. De que no se puede comprar casi nada porque se paga la renta y la luz. Todo ese dolor nos lo transmiten con detalle. Elisa nos ofrece la mejor descripci贸n de los due帽os de maquiladoras: 鈥渆sos vampiros y ratas que quieren seguir chupando nuestras fuerzas de trabajo鈥, 鈥渆stos sanguijuelas鈥 que tienen sus leyes s贸lo para matarnos de cansancio a cuentagotas. Amanda, que se opone a las privatizaciones que tantas le platicaron, llama a las campesinas a aprender de Ramona que, 鈥渟in saber leer, escribir o hablar el castilla luch贸 hasta el 煤ltimo suspiro鈥. Por ella nos pide que no vendamos la tierra a quienes privatizan todo 鈥減ara el beneficio de los z谩nganos鈥, de los 鈥渂ichos鈥 y 鈥減ar谩sitos鈥 que se alimentan de nuestro trabajo, 鈥減orque la familia campesina es la forma m谩s importante de sobrevivir鈥.
Cuando nos platican los problemas de injusticia que les fueron descritos por firmantes de la Sexta en todo el pa铆s, las zapatistas parecen cobrar m谩s y m谩s fuerza. Como que saben la falta que nos hacen. Elisa cierra sus intervenci贸n exhort谩ndonos a tener 鈥溍imo, pues, compa帽eras鈥. Dice que ellas s贸lo son unas cuantas comisionadas, pero 鈥渟i fuera que venimos todas no vamos a caber en un mundo鈥. Ya lo dijo Miriam: 鈥渓as zapatistas no estamos desanimadas ni cansadas鈥.
En el acto pol铆tico-cultural de alguna noche, las mujeres zapatistas no s贸lo se avientan El corrido del aborto hablando de la despenalizaci贸n como derecho. Tambi茅n suben al templete mayor a entonar la canci贸n llamada Las mujeres en la que 鈥渆xigimos ternura, amor y devoci贸n鈥 para ejercer nuestro derecho a vivir, a decidir y 鈥渁 ser feliz鈥 mientras otra compa帽era se lanza con 鈥渓a bonita poes铆a鈥 llamada La mujer y nos hace sentir importantes porque 鈥渟in t煤, no puede ser una revoluci贸n鈥.
Las familias zapatistas
Si hubiera habido un premio de oratoria se lo habr铆an llevado las compa帽eritas ni帽as Mar铆a Linda y Marina. Ninguna de las dos llevaba ponencia. Nos hablaron en crudo. Mar铆a Linda dijo que estaba ah铆 鈥減ara entregar en sus conocimientos claramente鈥 su 鈥渇orma de vivir鈥, para decirnos que sus padres la orientan, que le han dado lo que ellos no tuvieron: el derecho a estudiar, 鈥渆l derecho de salir a pasear鈥. Tambi茅n nos advirti贸: 鈥淓stos derechos que yo tengo ser谩n mis mejores armas que tengo para defender mi vida鈥.
La compa帽erita ni帽a Marina cumpli贸 ocho a帽os hace dos d铆as y fue igual de contundente. Ya sabe que tiene derecho de hacer lo que a ella le gusta: bailar, divertirse. Dice que 鈥渘osotras, las zapatistas, no estamos agarrando las limosnas鈥 del mal gobierno y que se siente 鈥渕uy orgullosa de ser zapatista鈥. Nos recuerda que 鈥渘o hay por qu茅 desanimarnos鈥 y concluye: 鈥渆s todas mis palabras, mi querido p煤blico鈥. Por otro lado, la compa帽erita ni帽a Mar铆a, de la zona Zotz Choj, insiste en recordarnos nuestro 鈥渄erecho a divertirnos鈥, uno de los m谩s reivindicados en este encuentro, y nos informa que 鈥渘o vamos a pedirle permiso a nadie cuando queremos llevar en pr谩ctica鈥 nuestros derechos.
驴Qu茅 educaci贸n han recibido esas ni帽as para que, a diferencia de sus abuelas y sus madres, hayan transformado en puritito gusto lo que antes era verg眉enza de hablar? Gran parte de la culpa la tienen sus madres y sus padres por estar educando en libertad a estas ni帽as y ni帽os que, libres como nunca lo fueron sus abuelas ni sus abuelos, 鈥渧an donde que le pega su destino y la suerte鈥. Elizabeth, una de las cuatro mam谩s zapatistas que vienen de la zona Selva Fronteriza, nos cuenta que aunque con mucho sufrimiento 鈥減ero s铆 pudimos cruzar cargando nuestros alimentos y nuestros corazones. Tambi茅n nuestros pensamientos鈥, todo 鈥減ara no perder la historia verdadera鈥. Las mam谩s zapatistas se encargan de formar a sus hijas y a sus hijos de tal manera que respeten a sus mayores, conozcan la historia de la lucha, sepan por qu茅 se hacen las fiestas, entiendan lo que es la resistencia.
Aqu铆 nos dicen lo que es la paternidad y la maternidad voluntarias. Pens谩bamos que era tener la cantidad de hijos que se desean, pero estas mujeres nos ense帽an que no s贸lo es cantidad sino calidad porque a las ni帽as y los ni帽os hay que 鈥渃ortarle su u帽a, ba帽arle bien鈥, darle una alimentaci贸n balanceada y nutritiva, ense帽arlo que es su derecho descansar y divertirse pero que es su obligaci贸n liberar a su pueblo. Para Vanesa, 鈥渉a llegado su momento de levantarnos y alzar la voz鈥 como mujeres porque 鈥渁s铆 como dormimos con nuestros hombres鈥, as铆 luchamos. La mam谩 zapatista Esmeralda advierte que ya nadie podr谩 callarlas, que van a seguir hablando 鈥渆n todas partes del mundo鈥 para hacerlo un lugar 鈥渄onde quepamos todas con un pan en la mano鈥.
Brenda, del Municipio Aut贸nomo El Trabajo, tiene planes para las mujeres de la Otra Campa帽a: 鈥渘o queremos que nadie quede sin luchar por nuestros derechos鈥.
Cuando terminan las plenarias con los informes de avances de los cinco caracoles, las mujeres zapatistas abren un espacio para que hablen las de fuera. Pero antes, cinco comandantas dan lectura a cinco cartas que fueron escritas por mujeres en M茅xico y otros pa铆ses. La compa帽era Everilda, suplenta al CCRI por La Realidad, da lectura a las palabras de Mariana Selvas y Edith Rosales, presas pol铆ticas. La comandanta Elizabeth viene de Oventic y lee una carta de las presas del Amate, en Cintalapa Chiapas. La comandanta Rosalinda, de La Garrucha, lee el saludo de Gloria Arenas Agis, presa en Chiconautla. La comandanta Esmeralda, del Caracol de Morelia, lee un texto escrito por presas en Valladolid, Estado Espa帽ol, mientras la comandanta Concepci贸n, de Roberto Barrios, nos lee un mensaje de las hermanas S谩inz desde Turqu铆a.
Luego se abre el micr贸fono a la sociedad civil nacional e internacional. Unas hablan. Otras no. Pero todas escuchan. Aqu铆 tambi茅n hay mujeres grandes que vienen de fuera. Est谩 Martha de Chihuahua que lleva d茅cadas luchando por los desaparecidos y las desaparecidas y que no acepta ning煤n tipo de comodidad ni privilegio cuando viaja. Est谩 tambi茅n Trini de Atenco, mujer que tiene a su familia presa y perseguida y que usa con tanta enjundia el micr贸fono que hasta truena dos bocinas. Est谩 Meche de Tl谩huac, que no s贸lo pone a decenas de personas a bordar su manta de la Ley Revolucionaria sino que tambi茅n sube a Cerro de Huitepec con ocho clavos en el tobillo porque los compas est谩n amenazados de desalojo. Esas y muchas otras mujeres vinieron a escuchar a quienes han optado por seguir los pasos de Ramona, como la joven soltera Adriana, quien hizo un llamado 鈥渁 todas las solteras del pueblo de M茅xico y del mundo鈥 para demostrar c贸mo pueden luchar 鈥渓as solteras鈥. O la capitana Hortensia, que nos ofreci贸 un intercambio para no desanimarnos en la lucha. Dijo que si no tenemos trabajo les mandemos la herramienta a las compa帽eras y ellas nos enviar谩n ma铆z y productos del campo, que ellas trabajar谩n por nosotras.
Las zapatistas aseguran que si el gobierno piensa que el EZLN ya no existe, est谩 equivocad铆simo. Aqu铆 todas nos llaman a organizarnos y a luchar unidas por nuestros derechos y por la liberaci贸n de nuestras familias y nuestros pueblos como un homenaje a las mujeres que nos han abierto camino, pues nos dice la comandanta Sandra que 鈥渆llas est谩n muertas pero no muertas. Ellas est谩n aqu铆鈥. Y debe ser cierto porque nos vamos bien cargaditas de fuerza. Pregunten a qui茅n no le dolieron las manos de tanto aplaudir en la clausura, de tanto acompa帽ar el himno zapatista con m煤sica de nuestras palmas.
Mientras el Caracol se va vaciando de miles de personas que lo visitaron, quedan colgados los carteles donde hay una frase que dice que despu茅s del 1 de enero de 2008 todo 鈥渧uelve a lo normal鈥. Pero eso no puede ser cierto porque, despu茅s de este encuentro de mujeres zapatistas con mujeres del mundo, aqu铆 y en muchas partes ya nada volver谩 鈥渁 lo normal鈥.
6 de enero de 2008
Segundo aniversario del fallecimiento de la Comandanta Ramona
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